5 oasis en la planta 10 de Endesa

Hay quien dice que la vida es como un desierto. Que comienzas su camino cargado de víveres y protección y que, a medida que avanzas, vas perdiendo esa ventaja hasta casi quedarte solo. Que es la experiencia la única que te puede hacer sobrevivir. El aprender a sacar “agua de las piedras”. Y que, si sigues tu camino aprendiendo a cada paso, llega un día en que disfrutas tanto del paisaje como de la ausencia de equipaje.

Mi participación  en el Jurado de los Premios Endesa a la Promoción más sostenible 2012 ha sido como un oasis en la peregrinación que es este desierto profesional. Y no lo califico así por la crisis (pobre crisis, parece que fuese ella y no nosotros la culpable de todos nuestros males). Más bien me refiero así a la falta de ideas innovadoras, comprometidas y arriesgadas que siento a menudo en nuestra sociedad, y por ende, en mi profesión.

Encontrar en la última planta de la Sede Social de una de las empresas suministradoras de electricidad de este país a tanta buena gente, me ha sabido a gloria. Reconozco que iba a la defensiva, porque he criticado siempre la centralización de los recursos, porque he criticado siempre nuestro aburguesamiento conectado a un enchufe que todo lo puede. No quiero decir con esto que cambie mi discurso sobre la dependencia y la centralidad. Pero sí debo dar al Cesar lo que es del Cesar. Aunque en este caso, creo que ni el Cesar sabe lo bueno que allí tenía.

Porque allí había gente más que cualificada y comprometida con el verdadero reto de la sostenibilidad. Que no es otro que la concienciación, que la objetivación, que la información. Gente que no cobraba un euro por pasar allí dos días encerrados para estudiar cada una de las propuestas perfectamente documentadas y parametrizadas por el equipo de Casa Bioclimática. Gente del mundo de la Arquitectura, de la Comunicación, de la Ciencia, de la Política (y sí, la pongo también en mayúsculas porque no es la Política la culpable de su mala prensa sino los políticos que la ningunean) Gente que no se dejaba llevar por cantos de sirena. Por sellos vacíos de realidad, por calificaciones ajenas a la necesidad, por apariencias extrañas a su realidad. (Sí, ya sé que cuanto mejor hable del jurado más pedante puedo parecer al ser yo uno de ellos, pero en toda regla siempre existe una excepción)

Lo cierto es que me encontré de nuevo con muchos de los principios que busqué en las raíces de mi formación, en la justificación de mi profesión como Arquitecto, y pude hablar de ellos con toda la naturalidad del mundo sin temor a no ser entendido. Y disfruté. Mucho. Se me hizo corto. Me supo a poco. Querría más: más proyectos cargados de dignidad, más actuaciones cargadas de valentía, más ejemplos repletos de compromiso como los que pudimos analizar. Y como me supo a poco, tengo que dejar salir al menos parte de lo que allí aprendí, de lo que allí pensé, aunque sean retales. Charcos de los que alimentarme cuando esté rodeado de arena:

  1. No es más sostenible el que más produce, sino el que menos consume: una buena certificación energética no puede ser el resultado de la diferencia entre las carencias de un edificio y la compensación de estas por muy ecológicas y tecnológicas que sean. Una buena certificación debe ser fruto de una correcta minoración de las dependencias, de un correcto aprovechamiento de lo inmediato. Y nada más.
  2. Fiscalidad energética ya!: si alguien supiera el esfuerzo que es presentar un proyecto a estos premios… para conseguir simplemente un reconocimiento… y nada más!!!! No se puede seguir en esta línea, hay que penalizar a los que hacen malos edificios, a los que consumen lo que no tenemos, a los que engañan. Ya está bien de banderitas verdes. Sentencias e impuestos disuasorios por favor!
  3. Rehabilitación low-cost. He aprendido que la pretensión de actualizar todo el parque de viviendas a los niveles del CTE es una utopía. Pero lo mejor es enemigo de lo bueno. Y si con la excusa de esta imposibilidad seguimos sin elevar la calidad de nuestras viviendas más antiguas, dignificarlas al menos, el lastre será cada vez más insoportable y la brecha de la pobreza energética, mayor. Gestionar los recursos de los que disponemos para llegar al mayor número de viviendas, eso es lo que necesitamos. Contemplando escenarios adversos y benévolos, como en las pruebas de la banca. Calculando periodos de amortización en cada posible panorama. Los resultados serían impresionantes!
  4. Construcción prefabricada? No!: Arquitectura singularizable. No existe una solución para todos los problemas. Pero sí tenemos capital humano y creativo para generar una solución para cada problema. La seriación de una única solución chirría. La envolvente de la mayoría de nuestros problemas, está cada vez más cerca.
  5. Más para menos, y entre todos: debemos organizarnos más personas, más barrios, más pueblos, para gestionar nuestros recursos cada vez menores. Y la economía de escala aquí tiene mucho que decir. Nuestro gestor común es la Administración (de nuevo en mayúsculas). Su potencial de coordinación, de orientación y de gestión debe ponerse en valor. El urbanismo energético es social, tecnológico y posible. Si exigimos entre todos su activación, y si confiamos en aquellas iniciativas verdaderamente arriesgadas y acertadas que tanta falta nos hacen. Hoy más que nunca necesitamos Políticos: cualificados, comprometidos y capaces de colaborar con la sociedad civil.

¡Qué a gusto me he quedado! No, aún me queda algo. Mi agradecimiento personal a Josep M. Ribá, por apostar por mi. Para que luego digan que no hay valentía en esto de la sostenibilidad!

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