Construir con fundamento (de la educación de los arquitectos I)

¿Cómo se educa a un cocinero? Francamente, no tengo ni idea. A duras penas soy capaz de educar a un arquitecto. Pero intuyo que algo en común deben tener sus procesos de maduración.

864_ingredientes-indispensables-en-tu-cocina_179Estos días estoy intentado transmitir este valor culinario a mis alumnos. No en balde, mi página profesional se llama así, Arquitectura a la carta. Enseñar a mis aprendices, a poner sobre la mesa los ingredientes básicos con los que van a preparar sus proyectos/platos. Sin engaños, sin ambigüedades, sin “secretísimos”. El perejil es perejil. Como la temperatura es temperatura. ¿Que hay muchos tipos de ajo? Como hay muchas interpretaciones de la historia que precede a cada lugar, pero el ajo no es cebolla, como una ciudad no es igual que el campo.

Exigir poner todos los ingredientes con los que van a trabajar no es un ejercicio de objetivación de la Arquitectura (que tal vez sí un poco), pero al menos, sí de sinceridad y transparencia. Están empezando en el noble arte de imaginar construcciones. Y, como en las recetas, ya tendrán tiempo de convertir “5 grs. de sal” en..”una cucharadita pequeña”, para luego trabajar con …”pizcas”… Pero en el camino, yo mismo aprendo que no sólo por ser aprendices de Arquitectos deben trabajar con la cocina abierta. Uno va caminando, y se da cuenta de que, nuestros clientes, también son en cierta forma “aprendices”, aunque en este caso, de comensales. No estamos ni educados ni acostumbrados a la buena Arquitectura. Y como en los vinos, la mayoría a duras penas sabemos distinguir un Rivera de un Rioja, aunque a todos “nos encanta el vino”.

Con el tiempo, uno aprende no sólo a mostrar sus ingredientes a sus clientes, y con ello acercarlos al placer de cocinar/construir. Con el tiempo uno aprende a ver las esencias que los grandes de la Arquitectura usaron. A distinguir el aroma de la luz, la frescura de la fluidez compositiva, el retrogusto de la sofisticación tecnológica… Y empieza entender los trucos de los maestros cortando espacios, aderezando, comprometiéndose hasta la cocina de la sociedad para la que trabajaron.

Hoy que la cocina rápida parece ser la solución a todo. Hoy que la crisis lo justifica todo, no puedo más que aludir al olor de esos guisos hechos con cariño y tiempo. Esos que nuestras madres (la mía es la mejor cocinera del mundo obviamente) dejaban cocer a fuego lento.  Y animar a mis alumnos y a mi mismo a buscar en la despensa de la buena Arquitectura. Para, poniendo sobre las mesas de trabajo aquellos ingredientes que podamos, muchos o pocos, caros o baratos, busquemos las nuevas recetas que nos permitan redefinir la nueva cocina que esta sociedad necesita. Bon appétit!

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