El sistema (in)operativo de la ciudad. Hacia un urbanismo inspiracional

IMG_8297Esta semana pasada he tenido la oportunidad de participar en dos eventos importantes de la ciudad de Sevilla relacionados con su modelo de futuro. Por un lado, las jornadas realizadas por el COAS sobre la revisión del Plan General de Sevilla. Por otro, la mesa debate inaugural del Welcome Home Sevilla, primera feria inmobiliaria tras años de desaparición del sector.

En ambos escenarios, he intentado trasladar mi posición y propuestas respecto a un marco urbanístico que bien empieza a parecerse al sistema operativo de nuestros ordenadores. Por varios motivos:

- Porque por muy bueno que sea nuestro ordenador, sin un buen sistema operativo, de nada sirve. No cabe duda de que Sevilla tiene todos los componentes patrimoniales, culturales, geográficos y económicos para ser una “máquina” muy rápida y eficaz. Pero tampoco la podemos tener del bloqueo al que la llevamos sin un sistema operativo (o sea PGOU) adaptado a su capacidad.

- Porque resultaría incomprensible para cualquiera el que en cada cambio de “jefe”, se pasara de Windows a Mac o de Mac a Windows. Constantemente. Toda la ciudad se mueve al ritmo de nuestro planteamiento urbanístico. La pérdida de energía en cada cambio es insoportable.

- Porque al margen de los programas que se instalen o desinstalen en la ciudad, el sistema en el que se desarrollan necesita constantes actualizaciones. Y estos no pueden acompasarse al ciclo político sino al ritmo de necesidades reales.

- Por último, porque, como en informática, cualquiera puede definir los requerimientos de una aplicación, pero no todos estamos capacitados para programarla.

Sevilla se merece un debate importante y serio sobre su futuro sistema operativo. Pero a veces, parece que seguimos trabajando sobre MS-DOS. Y lo que es peor: que muchas personas están empeñadas en que así siga. Retrasando actualizaciones imprescindibles. Y permitiendo que virus ya detectados, sigan atacando al sistema. Posiblemente, solo así puedan justificar sus limitaciones o su simple presencia. Pero este sistema ya no es soportable. no podemos gestionar la fiscalidad con superordenadores de última generación, y el urbanismo con rudimentarias hojas Excel. El nuevo urbanismo debe ser inspiracional, y no aspiracional. Definir las necesidades, sin imponer las soluciones. Porque, para cuando es capaz de hacerlo, de definir rígidamente los procesos… ya son otras las necesidades. Y lo que es peor: renuncia a la capacidad propositiva de una sociedad civil, que es mucho más madura de lo que la Administración supone. Administración que confunde en demasiadas ocasiones supervisión con control. Administración que también debería revisarse a si misma, y dejar de tirar piedras sobre nuestros propios tejados.

Por todo  esto, cuando se habla del PGOU, deberíamos hacerlo con la seriedad que el tema se merece. Y la amplitud. Porque el plan no son sólo documentos. El PGOU son ideas, son personas, son herramientas… Actualicémoslos todos, sin necesidad de reiniciar el sistema. Es posible.

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