El suicidio concursivo del Arquitecto

Hace unas semanas enviaba esta carta a un alcalde conocido. Para compartir con él mi opinión sobre un concurso de su localidad, un concurso más, en el que no participé por una simple cuestión de ética. Me gustaría compartir ahora esas opiniones en abierto. Tal vez reciba más respuesta. He omitido los datos puesto que, desgraciadamente, es una costumbre cada vez más extendida.

cuchillo-y-pluma

A la atención de:

Exmo. Sr. Alcalde de XXXXX

Asunto:

De servicios, productos y responsabilidades

Estimado XXXX:

Permítame comenzar esta carta desde la confianza y no desde el formalismo. Pues es objeto de esta hablar de un concurso en el que no he participado. Aún teniendo experiencia y debilidad por su bello municipio. Estos días se ha fallado la asignación del documento técnico para la gestión de un sector en XXXXX. El equipo adjudicatario se ha alzado con el “galardón” mediante una bajada de honorarios del 66%, baremando este aspecto el 70% de la puntuación total.

A priori, podría pensarse que es obligación de su administración pública obtener semejantes descuentos. A priori, podríamos pensar que es simplemente fruto del libre mercado y de la competitividad el ajuste presupuestario al que se han “ceñido” los profesionales ofertantes. Créame si le digo que no es así. Más bien son la generosidad, la temeridad o la necesidad en un mercado absolutamente despiadado las que llevan a semejantes atrocidades.

Apreciado Sr. Alcalde. Son dos las preguntas que me gustaría infiltrar en este y en todos los procesos concursales de este perfil. Desde la utópica intención de envenenarlos lentamente hasta conseguir su extinción:

-               Mi primera pregunta es sencilla: ¿en base a qué criterios se establecen los honorarios referencia a partir de los cuales se estiman las rebajas de los concursantes?

Porque sin duda, su génesis no es aleatoria, se basan en datos objetivos, en experiencias acumuladas, en esfuerzos materiales e intelectuales necesarios para la correcta elaboración del trabajo a desarrollar y el conocimiento y la dedicación necesarias. Si esto no fuese así, deberíamos pedir responsabilidades a aquellos órganos y profesionales que orientan erróneamente la cuantificación de la acción pública. Y sí, por el contrario, son criterios sensatos: ¿cómo puede alguien hacer lo mismo por un tercio de los recursos estimados?

-               Mi segunda pregunta es algo más atrevida. Pues entra de lleno en el ámbito de sus responsabilidades políticas:¿Realmente está gestionando el municipio correctamente sus recursos al instar a este tipo de competencias?

Estos siete años de crisis nos han enseñado (al menos a quienes hemos querido abrir los ojos) que el crecimiento exponencial de un urbanismo mercantilista y estrictamente basado en la economía y la imposición legal está avocado al fracaso. Que el derecho a la utilidad pública del suelo implica también una responsabilidad de aquellos que la gestionan. Y entendiendo que esa responsabilidad recae sobre sus ya cargados hombros como administración local, ¿no preferiría rodearse de los mejores asesores y no de los más baratos? Los honorarios destinados al servicio que estos le prestarán, en ninguno de los casos, ni en el de los honorarios referencia ni en el de los adjudicatarios, supondrá más de un 3% de la inversión total que se desarrollará. Pero les harán solidariamente a los ganadores y a su equipo, responsables del 97% restante.

Otros municipios ya están asumiendo la necesaria evolución en la gestión del territorio. Al asumir que la creación de un buen producto (resultado de la transformación de un suelo en ciudad) requiere previamente de un buen servicio. Entendiendo que la competitividad no es ofrecer un mismo servicio por un menor precio, sino, a igualdad de precio, un mejor servicio. Existen ejemplos, solo hace falta la voluntad política de cambio para conseguirlo. De no ser así, seguiremos siendo cómplices de este “libre mercado” que tanto criticamos pero con el que convivimos resignadamente.

Le ruego me disculpe por mi atrevimiento. Sirva de justificación mi admiración por lo público, mi pasión por el urbanismo social y participativo, y mi compromiso para con una profesión que, poco a poco, va suicidándose contra dagas afiladas como esta.

Quedando a su entera disposición

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