El timo de la estampita

Ya no puedo más. Si no lo digo, reviento. Llevo callado mucho tiempo, esperando movimientos, esperando cambios, pero veo que, todo lo que ocurre en torno a la Certificación de Eficiencia Energética, es para peor.

Habrá mucha gente que querrá centrar el debate sobre la capacitación académica necesaria para poder emitir la dichosa etiqueta. Es más, ha habido quien se ha querido abanderar como el gran profeta de este campo junto a la rehabilitación energética, como es el caso del presidente de CSCAE. No voy a entrar en ese debate. Cada vez me interesa más qué sabe hacer la gente y no qué título tiene.

Pero hay algo que creo, es meridianamente claro. Para que hoy se exija esa certificación, habría que conocer el trabajo metódico y apasionado de muchas personas muy cualificadas durante muchos años. Profesionales que han dedicado su investigación a la profunda relación entre la acción del ser humano y su entorno, a la denuncia de las barbaridades que venimos haciendo y a la generación de una cultura y una disciplina totalmente novedosas. Si en algo ha coincidido toda esa comunidad científica, ha sido en la complejidad del balance energético de nuestra acción transformadora. Existe más tecnología en una célula fotovoltaica que en todas las instalaciones actuales de un edificio medio. Y lo discuto con quien quiera.

Pero claro, luego está el cómo llevar este conocimiento a la realidad. Luego está el cómo simulamos la complejidad de cada situación. Luego está el cómo buscar un patrón que objetivice esos escenarios tan variados. Luego está el cómo evitar  el exceso de simplificación.

Y entonces, cuando en este país de inmensos recursos naturales, de arraigada cultura de la propiedad, cuando se nos impone la obligación de desarrollar este aspecto vital para nuestra economía y nuestro futuro, nos sacamos de la manga la estampita. ¿Porqué la califico así?: porque más allá de la vistosidad de una pegatina como la que poseen los electrodomésticos, para mi, no va a valer nada.

Respeto el trabajo de quienes han estado intentando con sus programas de cálculo hacer llegar estos conceptos a la rutina de trabajo de todos los que estamos en la construcción, respeto el avance que supone, claro que sí, pero… de verad, señores..¿a quién le va a importar lo que diga un señor que ha hecho un curso de DIEZ HORAS para decir si una casa es A,B,C o F? Perdónenme, pero hasta para diferenciar la gama de Mercedes Benz que usa la misma terminología, hace falta más estudio.

Las bases sobre las cuales vamos a tarar nuestro parque inmobiliario por este camino son estúpidas. Vamos a perder la oportunidad de hacer mirar a nuestras viviendas al sol que nos calienta para hacer gastar a sus propietarios … ¿100 euros?. Para simplemente conseguir la dichosa estampita. ¿Porque le damos un valor añadido?: no. Simplemente porque ahora lo exige la Ley. Otra Ley. Otra imposición.

A veces me siento como el niño del cuento. Cuando todo el mundo jalea el avance que va a suponer para la construcción, cuando todo el mundo se congratula por la oportunidad de trabajo que supone este Decreto, yo no puedo dejar de pensar, y decir:¿no veis que está desnuda?. ¿No veis que una certificación que no suponga un estudio pormenorizado del entorno de cada una de los inmuebles, un conocimiento de los recursos inmediatos de los que podría nutrirse su consumo, una propuesta de mejora en la que el propio usuario sea cómplice y beneficiario de ese trabajo… no sirve de nada????

Pero claro, todo esto hay que pensarlo en la gran escala. En la del “banco malo” (que tendrá que hacer unas cuantas por cierto). Ya parece que se ha olvidado la banalización de las tasaciones, ¿os acordáis cuando uno decía el importe que necesitaba para la hipoteca? Pues eso.

Tenía muchas ilusiones puestas en este Certificado. La idea de que vendría acompañado de un beneficio fiscal para aquellos propietarios que se esforzasen en mejorar la eficiencia de sus viviendas. La idea de que podría suponer una influencia en el mercado inmobiliario, al permitir la revalorización de aquellos inmuebles que demostrasen su independencia de energías convencionales, que aprendieran a mirar al sol, que se abrieran a los vientos…. Nada de eso, tan sólo, el timo de la estampita.

 

3 pensamientos en “El timo de la estampita

  1. En Bélgica traducen el ahorro energético a emisiones de co2 y si en la construcción gastan más emisines de las que van a ahorrar con la mejora de aislamiento (por ejemplo) tampoco declaran al edificio ecologicamente viable. Me pareció curioso.
    Sobre las certificaciones. Me he acordado de un curso que hice de requisitos de alojamientos turísticos. No es el propietario o el promotor el que paga por el certificado. Las estrellas las pone un funcionario.
    En mi opinión siempre he pensado q el edificio más antiecologico es el vacío. Una irresponsabilidad frente a un recurso que la gente cree eterno y no lo es.

  2. De acuerdo con el timo de la estampita. Se va a hacer pagar a la gente por ponerles una “etiqueta” que como ya se sabe no va a pasar de la E o la F en la mayoría de los edificios existentes. Es decir, que las personas van a pagar unos 100-200 €… porque les etiqueten su ineficiente vivienda y ya está…otro desembolso más para el consumidor final, así vamos a fomentar la concienciación ciudadana por el ahorro, como no… [Podríamos optar por hacer etiquetas para todos, resignarnos a tener una F de partida, y el que crea que su casa es más eficiente y la quiere certificar, entonces, que lo pague; la verdad esto sería mucho más honrado]. Y veremos como se resuelve el tema del control externo de los edificios (esto si es importante)… que también da para hablar largo y tendido. Pero no es menos importante el tema de la cualificación profesional. Yo me encuentro en la situación de ser Ingeniero Superior y haber trabajado algunos años en temas de eficiencia energética, uno en certificación de edificios, y ahora me quedo perpleja al ver que reclutan solo a ingenieros industriales o arquitectos, independientemente de sus conocimientos en eficiencia energética, para certificar edificios existentes. Hay personas que está haciendo el curso de edificios existentes (que es de unas 8 horas!!), y yo me encuentro ante la absurda situación de que por mi condición de ingeniero no industrial, o no puedo realizar cursos dependiendo de donde se impartan, o no puedo optar a registrarme en las páginas web que cruzan técnicos con clientes, porque en vez de mirar la experiencia en este ámbito, el requisito para registrarse para los técnicos es el título de arquitecto o ingeniero industrial…, y no tengo nada en contra de que se les de oportunidades a los demás, pero si de que se me nieguen a mi sin sentido (al final un curro es un curro, y yo tb lucho por sobrevivir). Y lo que más me indigna, es que la normativa no dice nada de títulos específicos, sino de la cualificación! (como no podía ser de otra manera..); pero bueno también Europa habla de la eficiencia energética de edificios, y aquí estamos jugando a crear trabajos con fecha de fin y sin ninguna repercusión sobre la eficiencia y el ahorro energético…

  3. Lo que veo mal, es lo de siempre… La gente que más se esfuerza para ayudar al medioambiente y a un consumo responsable, nunca se les ayuda o reciben una palmadita en la espalda… simplemente “ahorran dinero en su factura”… Siempre he pensado que en algún momento todo esto cambiará pero cada día lo veo más lejano…Para mayor información en Certificación Energética podeis consultar http://www.certeneme.com empresa que se está volcando en el ahorro energético y que le apasiona una España con la doctrina Internacional de Eficiencia Energética aplicada.
    Saludos.

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