Entrevista publicada en Revista Foa (Buenos Aires)

  1. ¿Cómo indaga Ud. las condiciones o rasgos del entorno en que se instalarán sus obras? ¿Hace luego una selección entre esos rasgos para decidir cuales son los más importantes?

 Dicen que los primeros siete minutos de encuentro adquieren una especial relevancia en la impresión que tengamos de una persona. Que pueden llegar a influir en la opinión que tengamos de ella durante el resto de la vida.

Creo que con los lugares puede ocurrir igual. El arquitecto es un ser creativo en su propia esencia. Esta formado para crear. Es por ello que considero más un ejercicio de contención que de investigación esa primera mirada. Intento retrasar todo lo posible ese primer encuentro entre el lugar y yo. Antes, hacemos una importante labor de investigación acerca de la normativa del lugar. Porque las normas urbanísticas no son sólo una envolvente técnica de las posibles soluciones. Son también unas normas de convivencia depuradas con el tiempo y la experiencia de los habitantes del lugar. Hablan de su forma de entender lo social. Yo no las interpreto como una limitación, más bien como un “manual de uso”. Y ya se sabe, antes de utilizar cualquier herramienta, es mejor leerse las instrucciones.

Después está el clima. El clima es el carácter del lugar. Saber si es bravo, si es tranquilo, si admite bien a los invitados o se muestra hostil. Una brisa de aire fresco por la tarde cuando hace calor es como una conversación amena tras una tarde tensa de silencio. Y un sol intenso, ¿acaso no es como una mirada incómoda? Es por eso que prefiero conocer el temperamento de mi  anfitrión antes de acomodarme en su casa. Se evitan muchos roces!. Y no lo duden, no dejamos de ser invitados en el lugar donde nos asentamos.

Solo cuando he recopilado toda esta información, visito el lugar. Después de esta investigación, y si es posible, antes de conocer las intenciones del cliente. Porque prefiero que el lugar me transmita sus potencialidades sin que exista un imposición de necesidades por mi parte. Y lo recorro todo lo que puedo. Me encanta pisar el suelo, caminarlo, sentirlo. Y si esta primera aproximación puede ser con el cliente, entonces perfecto. Ver el solar a través de sus ojos. Analizar sus reacciones. Notar qué le apasiona, porqué decidió comenzar esta iniciativa allí, justo allí.

Luego vendrá un trabajo importante de comunicación con el cliente, con el programa, con sus necesidades e ilusiones. Conocer bien al cliente es mucho más que saber del número de habitaciones que quiere. Y entonces, es cuando llega….el equilibrismo!!

Porque mi trabajo se sustenta sobre tres patas: sobre la impronta de ese lugar. Sobre el cliente. Y sobre el bagaje que mi formación y mi experiencia aportan al proyecto. Y no puedo retirar ninguna de ellas. Definir mi visión del lugar, saber qué rasgos deben prevalecer aún a costa de las otras dos vertientes, es puro malabar, puedo asegurarlo. Tan complicado como satisfactorio. Porque de algo estoy seguro: cuando consigo el justo equilibrio entre las partes, el triángulo que forman es fuerte, y soporta cualquier envite a lo largo del proceso. Y su fuerza no está en la rigidez de las decisiones, sino todo lo contrario. Es la elasticidad la pauta de mi actitud ante la Arquitectura. Conocer el vínculo entre estos tres elementos, y la elasticidad que presenta cada uno de ellos. El lugar se entrelaza al cliente, al proyecto y a mi. Unas cuerdas son más flexibles, puedo manipularlas más. Otras, son puro acero, inamovibles. No descarto nada, simplemente lo priorizo más o menos. Piedra, papel, tijera…¿recuerdan el juego?

  1. ¿Hasta qué punto cree Ud. que se deben tener en cuenta, en el diseño, los rasgos y las pautas culturales vigentes en la sociedad destinataria de la obra?

Pues en la misma medida en que se pretenda que nuestro trabajo permanezca en el tiempo o sea descartado, repudiado y destruido. Y no soy de los que les gusta hacer castillos de naipes precisamente.

El siglo pasado, fue un siglo de gente brillante. De aportaciones brillantes a la ciencia. Y lo rematamos con un medio tan poderoso como Internet. Que permite que el conocimiento fluya. Y llegue a todos los rincones. Y se nutra de la complejidad de este mundo. Y nos formemos para responder a esa complejidad desde la complejidad. ¿Porqué buscamos soluciones universales a un universo tan polifacético? Por egoísmo y simplificación, no por idoneidad.

Este será un siglo no de personas brillantes. Ni de aportaciones brillantes. Este será un siglo de sociedades brillantes. De aquellas que sean capaces de adaptarse al medio en que se asientan. Y de formar a su gente en el respeto hacia ese medio y esa cultura. Y esa es la vocación del arquitecto. Asimilar el conocimiento que recibe de muchísimas disciplinas y ciencias, y concretarlo para una persona, para un lugar, para una situación. Desde la perspectiva de lo individual,  desde la ética de lo colectivo. Y la sociedad que mejor canalice ese potencial, será la que prospere. La que aprenda a equilibrar las soluciones seriadas con las necesidades particulares. Y genere un criterio de respuesta.

Pero, es tan difícil convencer uno a uno a cada cliente de esta realidad!!!  Porque vemos fotografías de casas proyectadas bajo parámetros absolutamente diferentes a las nuestras pero… nos gustan!! Y ahora, cómo convenzo yo al cliente de que esa solución no es la más apropiada? Que puedo tomar nota de sus gustos, pero que no debo repetir el modelo. Bueno, en ello estamos. Proyecto a proyecto. Situación a situación. Aprendiendo. Siempre aprendiendo.

  1. ¿Hasta qué punto cree que el diseño de sus obras está limitado o encuadrado por las exigencias económicas y financieras?

Bueno, no cabe duda de que el aspecto económico es muy importante en el mundo que nos ha tocado vivir. Demasiado diría yo. Pero ¿saben?: no creo que sea lo más importante. Un profesor mío decía que lo fácil era hacer arquitectura con vidrio y acero, que lo complicado era hacerlo con cañas y barro. Pero que se podía hacer tan buena arquitectura en uno como en otro escenario. Hoy veo mansiones en las que el dinero rebosa por cada esquina. Y me parecen tan inhóspitas, tan frías, tan inhumanas, que, realmente, sufro por sus moradores. Porque no consiguieron lo que buscaban: un escenario para su concepto de felicidad. Tal vez consiguieron un escaparate de su poder, pero no un hogar. En el otro extremo, veo viviendas humildes, realizadas con los mínimos recursos posibles, pero que, sin embargo, contienen el elixir de lo duradero, de lo auténtico, de lo sobrio. Y se convierten en un escenario apto para el desarrollo de la vida. Y para mi, hay más Arquitectura en ese resultado que en la más espectacular de las fachadas.

Entiendo que la capacidad financiera está condicionando mucho a aquellas promociones que han surgido como producto de inversión y no como respuesta a una necesidad real. O a aquellas que primaban su apariencia formal frente a su calidad espacial. Mi trabajo no se encuentra en ninguno de esos casos. Selecciono los proyectos en los que me embarco. Y una vez aceptados, estudiamos sus parámetros, siendo la capacidad de inversión uno de ellos. Después priorizamos las necesidades reales. Y en esa proporción, repartimos los recursos. Luego no es una cuestión de cantidad, sino de proporción y de mínimos. No me interesa el máximo que puede dar una persona. Me interesa dónde sitúa su mínimo, en lo moral, en lo humano, en lo ético. En los proyectos es igual. Un alarde lo tiene cualquiera. Pero responder a ese mínimo de  durabilidad, de respeto al entorno, de dignidad de la persona…. Eso es un buen trabajo. Y alcanzada esa inversión mínima necesaria, todo es posible. Es muy difícil hacer valer este criterio en un momento en que  Arquitectura e imagen parecen lo mismo. Pero, me gusta hacer el símil con la cirugía estética. Está bien mantenerse, y cuidarse. Pero, ¿qué es más importante, ser siempre joven, o envejecer con dignidad? Ahora miren su casa, y vean cuánto quieren invertir y en qué. ¿Demasiado quirófano para un cuerpecito malsano?

  1. ¿Prefiere Ud. generar situaciones de mimesis o de contraste entre sus proyectos y los entornos?

Me temo que todo proyecto, es siempre una revolución en si. Y hasta los más “conservadores”, al final convulsionan el territorio sobre el que se asientan. Defender la “liviana intervención del hombre sobre la naturaleza” es toda una falacia. La única manera de mantener el equilibrio sería no actuando sobre ella.

 Ahora bien, si yo les dijera que mi obra se mimetiza con el paisaje en el que se asienta aún contrastando con él, ¿qué pensarían?, que eso es imposible. Pero me pregunto: ¿qué es lo natural, y qué es lo artificial? Porque en el momento histórico en el que estamos, el equiparar natural con verde, es una simplificación que llega a insultar. ¿Es por ello natural un parque insertado en medio de la ciudad, repleto de árboles regados automáticamente e impuestos a un clima ajeno a ellos? ¿Es más natural que un campo solar capaz de generar electricidad a partir de la radiación solar? Por favor, basta ya de engaños. Se nos está vendiendo como arquitectura ecológica proyectos tan agresivos como el que más, pero tintados de verde!!!!

Lo artificial se diferencia de lo natural en la manera en que se asienta en un territorio. En la capacidad de sobrevivir con los recurso que este le ofrece. Eso es lo natural. Y si, para su supervivencia, necesita acarrear recursos de zonas distantes a su lugar de implantación, es artificial. Y la propia naturaleza rendirá cuentas de ello, tarde o temprano. Así que mis proyectos no mimetizan con el formalismo de lo natural, sino con los recursos de los que dispone la naturaleza para sobrevivir. Aunque la imagen que ello desprenda pueda resultar estridente. Porque para mi es mucho más estridente depender de una central térmica ubicada a cientos de kilómetros de mi hogar. El lujo está en la independencia. Y la independencia la da la natural coordinación de nuestras necesidades con los recursos naturales, no la imposición de nuestro capricho a base de artificiosidad. Por muchos árboles que le pongamos.

  1. ¿Cómo llega Ud., por cual proceso, a la determinación formal de sus obras, se trata de un proceso racional o de un proceso intuitivo?

¿Y cuál es la diferencia entre ambos? Si la intuición es fruto de la experiencia acumulada, es sin duda una vía más de aproximación a las soluciones. El problema no es llegar por razón o intuición. El problema está en llegar a una solución por soberbia. Un arquitecto debe ser más que consciente de sus limitaciones frente a un proyecto. Y una vez definidas estas, conocer los recursos necesarios para superarlas. Solo así podrá generar una respuesta digna al proyecto. Existen casos en los que no existe limitación, bien sea por la larga experiencia acumulada, o por tratarse de un encargo dentro de la línea de especialización propia… en estos casos, la intuición ejerce una estupenda labor, acelera el proceso, y aporta un nivel de frescura que genera un valor añadido.

¿Pero qué ocurre en el resto de los casos? ¿Qué ocurre si no soy sincero conmigo mismo? ¿O acaso por ser arquitecto estoy coronado con el conocimiento pleno? Ante la duda, siempre, siempre, utilizamos un sistema de control del proceso (este argumento hace que algunos arquitectos se echen las manos a la cabeza). Porque parece que el arte que generamos no puede ser controlado. ¿Acaso volar no es un arte? Y sin embargo, el piloto chequea todos los sistemas antes de despegar. ¿Porqué?: por la responsabilidad!!!

Volviendo a la pregunta, debo contestar honradamente que la experiencia me ha conducido a un control racional de mi intuición. A saber medir la eficacia de mis decisiones. Sus consecuencias energéticas, su viabilidad presupuestaria, su acierto estético… Mi estudio apostó por los sistemas de control de la calidad hace ya años. Por dos motivos: el primero, lo mencioné antes: la responsabilidad. Un pintor puede cometer fallos en su proceso, porque la repercusión es un lienzo. El lienzo de un arquitecto es demasiado caro. El segundo, es más un argumento empresarial. Creo que la empresa tiende siempre a hablar con empresa. Y el arquitecto debe aprender el lenguaje de la empresa para poder compartir con ella sus criterios. El proceso inmobiliario se ha convertido en algo muy complejo. Y prefiero aportar desde dentro hablando su lenguaje que quedarme al margen siendo un eterno crítico mudo.

  1. ¿Diseña Ud. – en lo principal- a solas, o más bien se inserta en equipos de proyecto ad hoc?

 Me gustaría poder definir un escenario absolutamente dinámico y frenético para esta pregunta. Siempre sonrío cuando en alguna película veo la recreación de los procesos creativos, con una música más que fuerte, gente corriendo de un lado a otro, papeleras repletas de bocetos fallidos…y el gran momento. Ese momento en que alguien tiene una idea brillante, y el techo de su despacho casi se abre para dejar entrar la luz divina que todo lo ilumina…. ¿Nuestros procesos podrían ser así?: bueno, si juntásemos varios fragmentos de un trabajo silencioso y sesuso que a veces permite alegrías y en la mayor parte del proceso calma..sí, podría ser así.  Pero ¿saben porqué el baloncesto o el fútbol tienen el éxito de retransmisión del que no gozan otros deportes?: porque son mucho más distraídos que el ajedrez. Y lamentándolo mucho por la audiencia de mi trabajo… mis procesos se acercan mucho más a una partida de Karpov que a un remate de Messi

En la mayoría de los casos, sufro en soledad y disfruto en compañía. Como en la vida misma. Cualquiera que se enfrente a procesos creativos sabe de qué estoy hablando por más que los medios de comunicación se empeñen en vender la imagen más banal del proceso.

Existen algunos encargos, tal vez aquellos en los que la intuición tiene mucho que decir, o el cliente ha propiciado un ambiente confortable, en los que el nivel de adrenalina sube mucho en el estudio. Existe una especie de comunión entre todos, porque las premisas de trabajo se han clarificado, porque la idea-fuerza del proyecto se ha consensuado… y las conversaciones son verdaderamente enriquecedoras. Otros obligan a una revisión constante. Porque nunca permitimos que un proyecto avance hasta que no se ha encontrado ese Norte que lo dirige.

Respecto al trabajo en equipo, soy un firme defensor de él. Siempre he trabajado dentro de un equipo, y cuanto más multidisciplinar sea, mejor. Porque los puntos de vista aportados son más amplios y las respuestas más acertadas. Mi experiencia con la rama de las ingenierías es fantástica en temas de edificación. Y con las humanísticas en urbanismo. Mi propio estudio presenta una clara distribución del trabajo por roles, estando siempre presentes cinco perfiles diferentes: diseño, normativa, materiales y construcción, energía y presupuesto. Según los proyectos, yo mismo elijo a veces uno u otro rol. Porque así refresco conocimientos en los distintos campos. Renovarse o morir!!

  1. ¿Busca Ud. o no que sus obras no parezcan productos del mismo estilo?

Es curioso. Porque soy consciente de que se imprime un cierto “sello de la casa” a nuestros trabajos desde hace poco tiempo. Desde luego, no es algo buscado. Cada proyecto comienza desde cero, por lo que no existen herencias ni imposiciones previas.

Creo que el estilo de mi obra no está en el resultado formal de ella. Más bien, es un patrón de actuación común. Una actitud ante el cliente, ante los poderes locales. Ante los distintos agentes que intervienen en el proceso. Todo ello genera un ambiente de trabajo común. Y creo que es muy importante porque posibilita una actitud positiva de todos y cada uno. El resultado de una obra no es mérito de nadie sino de todos.

Fuera de esta pauta…no me preocupa mucho la similitud entre unas obras y otras. Porque las obras no son mías en realidad. Son del cliente que las encarga, del usuario que las disfruta. Son ellos los que deben sentirse identificados con el resultado. ¿Hay rasgos comunes que definen un estilo propio?: sí, es imposible no aportar algo de uno mismo en cada trabajo. El tratamiento de la luz natural. Muchos hablan de la luz, pocos la conocen. Nosotros no hacemos ventanas en las que el sol entra indiscriminadamente. Hacemos monitores,  controlando cuándo, cómo y cuánta luz debe pasar. La coordinación entre espacios e instalaciones. La dignidad de los materiales usados… No soy un arquitecto fachadista. Prefiero definir los espacios que necesito, con las características que le serán exigibles a cada función, a cada sensación. Y a partir de ahí, definir las envolventes que me generarán los espacios que busco. ¿Es esto un estilo? Bueno, aún si tuviera dos proyectos que necesitaran un espacio de características idénticas, la diferencia en su ubicación hará que el resultado final sea distinto. Porque el clima será diferente. Los recorridos del sol, los vientos…Porque no elijo un material. Defino unas exigencias. Y luego, miro alrededor. Y veo qué me ofrece el entorno que cumpla esas condiciones. ¿O tiene sentido traer un vidrio de la otra punta del mundo porque no me he preocupado en ver qué me ofrece el mercado más cercano? Para mi, no. Y creo firmemente que esta es la asignatura pendiente tras el suspenso mundial en nuestra forma de vida. Hemos abusado de lo global, olvidando la importancia de lo local. Por eso creo tanto en la importancia del Arquitecto en esta nueva oportunidad que tenemos tras la crisis. Porque creo en el conocimiento global sensible a lo local. Ese es mi estilo.

  1. ¿Hasta qué punto se guía por la tipología en el diseño de sus obras?

 ¿La verdad?: no creo en las tipologías. Y que me perdonen aquellos que sí lo hagan. El hecho de no creer en ellas no quiere decir que no las respete. Y que en algunas ocasiones las utilice como punto de comienzo de mi trabajo. Para romperlas, para ponerlas en crisis, para criticarlas constructivamente. Pero creo que las tipologías son las muletas de la mediocridad si no se saben entender como meras referencias. El día que me vuelva vago, me haré defensor de las tipologías. Pero si entrase a una zapatería, y pidiera un 42 de un modelo, y el zapatero me lo quisiera vender aún mostrando yo mi incomodidad…¿quién estaría equivocado, yo por no pedir mi número adecuado, o el zapatero por querer imponer algo que no sirve?

Las tipologías tienen dos lecturas. Se pueden interpretar como un gran esfuerzo de compresión de una cantidad ingente de información. Y es fantástico disponer de esa posibilidad de consulta. Pero también se pueden leer como un paso hacia la seriación de las soluciones. Y este es un camino muy peligroso. Porque deberían llevar aparejadas las circunstancias y condicionantes bajo las cuales se generaron. Y esta parte del trabajo generalmente admite mal la seriación. Pero es que es en esa singularidad donde reside la esencia de un buen proyecto. A este fenómeno yo le llamo “la casa seriada”. No sólo porque se hacen iguales de serie. Creo que desnudar a un proyecto de lo que le hace singular, es volverlo triste, serio, sin energía. Y porque cada ser humano es especial en si mismo, esto no debería ocurrir. Por eso existen los médicos, por eso existimos los arquitectos.

  1. ¿Cuáles cree Ud. que son las necesidades humanas más importantes a satisfacer en una vivienda familiar?

Me viene a la cabeza una respuesta no meditada: “la necesidad humana más importante que debe satisfacer una vivienda familiar es la elegante y digna asunción de la llegada de la vejez para todos y cada uno de sus habitantes”. Voy a escribirla, mantenerla, desarrollarla e incluso a desmontármela a mi mismo. Pero hay tanto de mi intuición en ella, que me parece un viaje interesante analizarla en directo.

Cuando un cliente llega a mi, generalmente hay un rasgo común: la potencia vital. Sólo cuando la sentimos, tenemos la suficiente energía como para acometer la construcción de nuestro “refugio”. Esto no implica una determinada edad, ni estado civil o un estatus social. Algunos lo acometen desde una joven edad. Otros esperan a una cierta situación “valle” de su vida. Pero todos presentan ese brillo en los ojos que te hace saber que han acumulado el suficiente pedaleo en sus piernas como para sentirse cargados de inercia, y la suficiente seguridad en el camino realizado y por realizar como para permitirse levantar la mirada y otear el horizonte.

En el tablero de mi responsabilidad queda el saber interpretar esa fuerza tan atractiva. Porque en ese instante, mi cliente está en una situación tan atractiva, que a veces, le envidio. Pero debo serenarme. E imaginar su deambular, porque para mi, la vida no es una carrera que tengamos que ganar. A lo sumo, tal vez un ramillete de metas volantes. Que dan alguna que otra satisfacción. Pero que no por ello te permiten dejar de pedalear.

Y por seguir con el símil ciclístico…¿cuál es mi trabajo?. Pues proveer a mi campeón (porque mi cliente siempre es campeón) de  la mejor bicicleta posible. ¿Lo es aquella que sea capaz de absorber la potente pedaleada del hoy, a costa de realizar un vehículo pesado? No. Deberé ponderar, y aligerar en materiales, y ofrecer la cadena/escalera adecuada al pedaleo/paso de mi cliente (¿sabían que las escaleras se pueden hacer a medida?) Y aún cuando ahora sea joven y fogoso, debo hacerle ver que no siempre será así. Que tal vez hoy pueda destinar una parte importante de sus recursos a doblegar su entorno a su capricho a poco que pulse un botón… pero tal vez no siempre sea igual. Y entonces la relación de la bicicleta que hago con la localización del circuito es determinante. Y me emociona ver mis bicicletas/casas al máximo de sus prestaciones, en las fiestas de inauguración, con todas las luces encendidas, y todos los invitados demandando más y más confort…y mi cliente orgulloso de su casa (porque nunca fue mía, siempre fue su casa, desde el primer momento). Pero más, mucho más, me emociona cuando he regresado a casas realizadas hace años. Tal vez la pintura ya no está tan brillante y blanca. Tampoco lo están el cutis de mi cliente, ni el mío. Ya no hay tanta gente. Quizás algunos hijos se fueron, y algunos invitados que supusimos, nunca vinieron. Pero charlamos tranquilamente en aquella esquina que siempre supimos sería especial. Y un poco de leña es suficiente en invierno para caldearnos. O veo como mi cliente/amigo/ciclista se levanta instintivamente para abrir esa ventana por la que sabe entrará el fresco en verano que nos permitirá seguir charlando sin encender ninguna maquinita. Atrás quedaron los puertos de montaña duros, o las frenéticas bajadas repletas de público y cámaras. Ahora la vida, mi cliente y su bicicleta, simplemente llanean. Y ver que siguen ahí, orgullosos, dignos…. A veces mi cliente era una familia. A veces, un germen de familia. Otras, un ser individual que ni tan siquiera era consciente de que acabaría formando una familia. También he tenido clientes que eran familias y dejaron de serlo. Y tuvieron que dejar su vehículo en el arcén. Porque les diseñé un tandem que ya no podían manejar uno solo. Y he visto como retomaba ese vehículo que yo diseñé otra familia que ya no era mi cliente. Y envejecieron con ella. Y he sufrido por mi cliente. Pero comprobar cómo mi compromiso para con la sociedad y no sólo con mi cliente posibilitó que esa casa siga cumpliendo su misión… saber que mis casas también envejecieron dignamente….me reafirma en la importancia de la escala temporal en la creación de una vivienda.

  1. ¿Como ordenaría, para la evaluación de una obra de arquitectura, con un puntaje máximo de 10, las siguientes características: economía, funcionalidad, estética, expresión artística, excelencia constructiva?

Depende de quién lea esta entrevista! (sonrisas). Siempre he dicho que, como Arquitectos, somos vendedores de ilusiones y humo, por lo que cada público, tiene su argumentación. Y cada arquitecto, su nivel de compromiso. Los hay que tan sólo tienen compromiso con ellos mismos, lo que yo llamo una política de mínimos. A poco que solucionan  las necesidades inmediatas y los requerimientos técnicos y burocráticos del proceso, dan por válida su intervención. Y es una forma de hacer las cosas. Es más, puede que sean más rápidos y económicos que otros (aunque creo que lo barato al final sale caro).

Luego están los que se comprometen no sólo con ellos mismos, sino con su cliente. Y ponen por delante de sus preferencias las del cliente que será a la postre el verdadero sufridor/disfrutador del resultado. Y aparece entonces una hermosa química en el proceso, porque el cliente considera al arquitecto su aliado, y viceversa. Es como un baile, bello de admirar aunque ocupen toda la pista.

Por último, existen los arquitectos que rinden cuentas ante la sociedad. Siendo coherentes con ellos mismos, y fieles a sus clientes, por supuesto. Pero saben que el verdadero beneficiario de su trabajo, será el conjunto de personas y no el particular que coyunturalmente paga sus honorarios. Porque usted hoy puede venir, y encargarme una vivienda, y pedirme que le ofrezca lo mejor de mi mismo para su satisfacción. Y estará en su derecho. Pero ¿qué pasará cuando mañana venda usted esa casa? ¿Qué pasará si no he respondido a ese compromiso para con la sociedad y para con usted? Habré generado lastre. Lastre para que nuestro mundo evolucione sin dejar óxido por todas partes. Qué difícil es conseguir esto! Muchos arquitectos murieron siendo unos incomprendidos por ello. Por enfrentarse a sus clientes, por ofrecer más de lo que se les pedía. Por dar “liebre por gato” que diría Alejandro de la Sota.

No me pidan entonces que le diga qué es lo mejor. ¿No sufren cuando ven a un mago desvelar sus trucos por un puñado de monedas? ¿Y acaso vender ilusiones, no es en parte, algo mágico? Quiero pensar que no soy un mago. Mago es aquel que es capaz de ser feliz durante la mayor parte de su vida. Y hacer felices por extensión a quienes le rodean. Nosotros, como arquitectos, no podemos hacer esa magia. Pero, ¿no se ha preguntado nunca quién es el carpintero que les hace las cajas a los magos?

  1. ¿Está  Ud. vinculado a la enseñanza?

Sí. Afortunadamente sí. Hace algunos años me invitaron a formar parte del Departamento de Historia, Teoría y Composición de la Escuela de Sevilla. He sido investigador en temas medioambientales durante mi formación, y desde mi licenciatura, siempre he estado vinculado a la docencia de una u otra manera. En la Universidad Internacional de Andalucía he impartido clases, y he sido invitado a distintas conferencias.

La docencia es algo realmente estimulante para mi. No es que gane mucho, pero lo haría incluso sin remuneración (espero que no lea esto el Director de mi Escuela). Creo que esta profesión me da tanto, que es lo mínimo que puedo hacer por ella, devolverle algo de lo recibido. Y seguir recibiendo del mundo universitario. Sé que suena a tópico, pero es que es cierto: como profesor, recibo mucho de mis alumnos. Recibo energía, recibo inocencia, recibo frescura. Recibo ingenuidad. Y recibo mucha, mucha actualidad. Y todo eso me obliga a mantenerme en guardia, activo, mentalmente fresco y carente de prejuicios. Mi objetivo en la universidad no es imponer mis criterios a los alumnos, sino acompañarlos en la búsqueda de sus propios criterios. Enseñarles a conocer sus limitaciones, y a superarlas. Y exprimir lo mejor de cada uno de ellos. Es un viaje que me apasiona. Intento llevar en mi mochila pocas cosas pero importantes. En España estamos defendiendo con uñas y dientes una forma de entender la Arquitectura. Frente al Estado, que gestiona nuestro presente. Y frente a la Universidad, que modela nuestro futuro. Y hemos querido mantener la formación técnica y artística que nos caracteriza. Estoy orgulloso de pertenecer a esta lucha. Porque cualquier sociedad necesita para su desarrollo profesionales como el arquitecto generalista, técnico e intelectual, más de lo que puede llegar a creer.

  1. ¿Cuáles fueron las principales influencias que incidieron en su formación y en su obra?

Que inciden, por favor, que inciden. Tengo 38 años, y hasta los 40, se nos considera jóvenes arquitectos! Es más, creo que aún cuando los cumpla, los 40, y los 50, y los 80….seguiré formándome. Mi abuelo me decía que por más dura que sea la vida conmigo, me podrán arrancar a mis seres queridos, quitar mis posesiones… pero nunca dejaré de ser arquitecto. Bueno, pienso que no dejaré de serlo mientras mantenga esa actitud. A mis alumnos siempre les digo que el tarrito donde guardamos la esencia de la Arquitectura es bien pequeñito, y va en el corazón, no en la cabeza ni en la cartera. Que lo guarden y administren bien.

Así que las influencias que puedo tener son de lo más variadas. ¿La más entrañable?: mi madre. Siempre me dice que aprendí a decir “arquitecto” antes que “frigorífico”. Y siempre me animó a superar todos los obstáculos para conseguir serlo. Y me alienta a seguir siéndolo. Cuando me veo en un punto de estancamiento en un proyecto, en que el cliente quiere una cosa, el constructor otra, el gobierno otra totalmente distinta, y yo creo que ninguna es la correcta…. recuerdo el arte que tenía mi madre para repartir el asado. ¿Cómo conseguía hacernos pensar que a cada uno nos encantaba más que nada la pieza que nos había tocado? ¿Cómo hacía para que no sobrara ni faltara nada? Aún me lo pregunto, pero tengo muy presente que ella se quitaba de la boca para que todos estuviéramos contentos. Y como arquitecto, intento tomar su ejemplo. Y prefiero ser flexible en mis planteamientos para dar cabida a una buena solución de consenso. Esa generosidad y sabiduría de madre debe estar presente en el trabajo de un arquitecto.

  1. Porqué elegir América del sur para proyectar su trabajo? Porqué Buenos Aires-Punta del Este?

Existen muchos motivos para argumentar una decisión así, y muchos más para entender que en la vida hay más de casualidad que de decisión. Influye mucho lo personal, lo emocional. Y una vez hecha la apuesta, uno mira a su interior, y se da cuenta de que, en el fondo, siempre ha pensado en el potencia que tiene toda América latina para demostrar la viabilidad de un mundo mejor, de una sociedad mejor. Porque conjuga la elasticidad de la economía anglosajona con el poso del saber vivir latino, con el privilegio de un territorio impresionantemente rico. Una población joven sin el lastre que soporta Europa… Una oportunidad. De no cometer los errores de otros, de aprovechar la oportunidad que hoy es esta crisis mundial. Y entonces aparece este eje que es Argentina-Uruguay- Brasil, y su gente, y sus logros, y su horizonte… y sé que es donde quiero estar.

  1. Que proyecto le gustaría realizar en Punta del Este y porqué y en Buenos Aires?

Respuesta inmediata: aquel que surja porque alguien lea mis opiniones, y coincida con esta visión, y quiera apostar por nuestro trabajo. No creo que existan buenos proyectos, creo que existen buenos clientes que exigen buenos proyectos. Así que espero que este artículo llegue a alguien que coincida con nuestras ilusiones, y, contacte conmigo: arquitecto@vmoreno.net. Ese será el proyecto que quiero realizar.

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