la ciudad i-(n)completa

exoesqueletoEl actual ordenamiento legal del urbanismo español dificulta la incorporación de las nuevas tecnologías a la mejora de la accesibilidad de las ciudades. El interés social del suelo en nuestra normativa ha acumulado tal cantidad de exigencias a lo largo del siglo XX, que ha relegando las facilidades que posibilita la era digital a un sobrecoste inasumible y no a un derecho exigible.

Se hace preciso un replanteamiento del modelo en el que los criterios de accesibilidad se incorporen a un principio mayor, la sostenibilidad, pasando de la ciudad cuantificada a la ciudad cualificada. Un modelo en el que su complejidad se vería claramente compensada con la potencia de gestión y la facilidad de personalización que la red nos ofrece en sus ilimitadas posibilidades (big data). La certificación digital, la geolocalización y los dispositivos móviles serán protagonistas en este cambio de paradigma.

Me ha tocado a mi hablar de dos aspectos tan inabarcables y activos como son el urbanismo y la tecnología en su vertiente más complicada: la integradora. No ha sido mucho, sino muchísimo el tiempo que me ha llevado no tanto tener ideas sobre las que hablar, sino seleccionarlas para que, todas las ideas estuvieran al servicio de un mensaje y no al revés: la tecnología no se utiliza para mejorar la accesibilidad de la ciudad porque las reglas del urbanismo son obsoletas.

Y es que a veces, para mirar hacia el futuro, bien merece la pena echar un vistazo hacia el pasado. Observar desde la serenidad de los hechos cómo hemos llegado hasta aquí, para poder tomar la fuerza necesaria y saltar, y mirar por encima de la valla que nos separa del futuro.

Porque, para hablar de integración, para  hablar de sociedad, es necesario hablar de cómo venimos haciendo hasta hoy la ciudad. Sobre todo, si queremos cambiarla. Tal vez no todos somos conscientes de los procesos y esfuerzos que supone hoy hacerla, y tal vez muchos, crean que es necesario no solo hacerla, sino hacerla mejor. Ese es el objetivo de este encuentro al fin y al cabo, “hacer la ciudad mejor” y el mío, incorporar las posibilidades que nos ofrece la tecnología en ese cambio.

¿Porqué han cambiado las ciudades? Me voy a permitir el lujo de compartir una teoría personal: por necesidad.

No confíen en la lógica, ni en el bien común para entender estos cambios. Las ciudades se han transformado única y exclusivamente porque necesitaban hacerlo. Si el crecimiento ha sido exponencial en los últimos dos siglos (XIX y XX) son fácilmente detectables las necesidades que urgieron sus grandes transformaciones:

-        por el crecimiento de su población: las viejas ciudades-pueblo de finales del XIX vieron con la revolución industrial crecer su población muy por encima de las posibilidades que sus angostas y reducidas calles les permitían. El morador de la ciudad dejó de ser un “aldeano” para convertirse en un “trabajador”, necesario para el crecimiento, pero de difícil acomodo.

-        Por la salud de sus moradores: una vez todos bien apilados en torno a las grandes fuentes de riqueza del recién nacido siglo XX, nos topamos con un “pequeño problema” que complicaba la rutinaria jornada laboral de la mayoría de los habitantes: la gente se moría. Debido a las condiciones insalubres. Y fue la higiene un factor determinante en la transformación de nuevo de las que ya empezaban a ser urbes: ampliación de calles, acerados, saneamiento, introducción de mercados, planificación de hospitales… toda una batería de medidas que esponjaron y dignificaron a las ciudades permitiendo que el proceso siguiese adelante,  creciendo las ciudades paralelamente a un nuevo sistema económico.

-        La última transformación ha sido sin duda, Por eficacia: bien metidos en el siglo XX, el grueso de la población que antaño eran mera “mano de obra” (a quienes había que acomodar y mantener sanos, recordemos) pasó a transformarse en lo que hoy conocemos como elemento clave de ese sistema económico de desarrollo. Pasamos a ser “clientes”.  Clientes que alimentábamos una economía de consumo, cada vez más necesitada ahora de masa en la parte final del proceso “la venta”.  Y entonces, las ciudades sufrieron su más potente transformación, ya que la aparición del vehículo permitió transportarnos de un lugar a otro del territorio transformado por las urbes. Para poder pasar del “habitante productor” al “habitante consumidor” en un eficaz paseo en coche.

Distintas necesidades de la ciudad

Asumiendo la terrible banalización y demonización que esta asignación supone, muchos han visto en el legado del maestro le Corbusier las reglas principales que han regido, y en gran medida siguen rigiendo, el desarrollo de esta metamorfosis urbana.  Desde la Carta de Atenas hasta los distintos Congresos Internacionales de Arquitectura, los CIAM. Los dogmas del movimiento moderno se convirtieron en modelo para las ciudades ávidas de crecimiento. La racionalidad y pulcritud de sus planteamiento permitieron incorporar a las nuevas necesidades las soluciones a las anteriormente detectadas. De una manera genial y aditiva. E impositiva. Puesto que, si analizamos el sistema urbanístico español en concreto, podremos encontrar la quintaesencia de los sistemas de gestión que se fraguaron allá en los años 20:

-        Crecimiento infinito de las ciudades como motor de desarrollo

-        Sectorización según usos y no según necesidades

-        Financiación basada en la cuantificación y no en la cualificación de los nuevos crecimientos.

Y si todo este castillo de naipes tuviese cierta credibilidad, me gustaría coronarlo con la que debería ser “la guinda de este pastel”: el universalmente conocido, Modulor.

No demos posibilidad a ningún tipo de duda. Tras las pautas de regulación de todo este ingenio, se asienta un modelo de ciudadano cuasi perfecto, al estilo renacentista,  un ser autónomo libre, independiente, capaz de tomar sus decisiones y llamado a ser dueño de su destino  por encima de todo…y de todos. Un ser pre-dirigido hacia la gloria. Un ser apolíneo, que, hibridándose con la máquina más y más, llegaría en el cenit de la perfección a ser solo uno…

le corbusier

Con una única salvedad: venció la máquina. Hoy son muchas las teorías que hablan de la imposibilidad de generar trabajo para todos los habitantes del planeta. Hoy estamos sufriendo esta reconfiguración de la ecuación hombre-máquina-recursos- mercado. Y vamos perdiendo (si queremos seguir aferrándonos a un sistema económico caduco). Y hoy, digo hoy, se me pide que hable de la tecnología ,y las máquinas, en la accesibilidad de la ciudad… ¿ estamos seguros de querer hablar de esto bajo estas premisas.

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Porque Hoy, nos encontramos aquí. En el final de un modelo. En la obligación de un cambio. Hay quienes quieren llamarle crisis. Yo prefiero pensar en una  revolución. Una necesaria revolución. Llamada por muchos, La Tercera Revolución, tras la industrial y la digital. Pero como arquitecto urbanista, no puedo dejar de hacerme la misma pregunta: ¿ante qué necesidad reaccionará realmente la ciudad? Para mi, la respuesta es clara: la ciudad no es un espacio físico, una delimitación. La ciudad es un territorio que demanda recursos de territorios lejanos. Y en la gestión de esos recursos estará el gran reto de nuestra planificación. Gestión que ya no debe considerar a sus habitantes desde un único perfil, sino desde la particularización de sus diferentes realidades. Aquí es donde la tecnología nos permite sistemas de gestión hasta ahora desconocidos. Naturalizando lo que hasta ahora, no han dejado de ser “añadidos de accesibilidad” como mejoras de un patrón estándar. El modelo de ciudadano debe dejar de estar etiquetado: ciudadano-trabajador, ciudadano-consumidor, y lo más denigrante: ciudadano sano o no sano… para ser, simplemente, ciudadanos. Con nuestras capacidades, y nuestras limitaciones.

No puedo dejar de intuir dos caminos, ambos vislumbrados por sus correspondientes teorías, al modo de Matrix: pastilla roja, pastilla azul.

En una, en un mundo idealizado, todo seguirá siendo igual. La ciudad y la tecnología seguirán ofreciendo “productos de consumo”, altamente tecnificados, que supuestamente nos permitirán llevar una vida más agradable al margen de nuestras capacidades o limitaciones (que no de nuestras posibilidades económicas).

Las llamadas Smart-cities pueden ser un testigo de esta tendencia. “Externalizamos servicios para un mundo mejor”. De seguir por este camino, a las ya de por si importantes barreras físicas existentes, añadiremos otra brecha más, la tecnológica, situación a la cual me niego por muy atractiva que sea la muralla que la delimita. Tanto más cuanto más ajena sea su implementanción a los criterios de reparto de derechos y cargas en los que se basa nuestro urbanismo. Pues, hasta la fecha, siempre, aparecen como una carga más y nunca como un derecho

TBO

En este sentido, les recomiendo el blog del gran Fariña y su entrada “Smart cities, los inventos del TBO”. (http://elblogdefarina.blogspot.com.es/2012/01/smart-cities-los-inventos-del-tbo.html). En sus párrafos finales, define mejor que nadie el camino a seguir:

 “Para terminar, por favor, dejemos de ponerle etiquetas a la pobre ciudad, ya no aguanta con el peso de más. Comprendo que las empresas tienen que vender y, para la venta, el marketing y los slogans son fundamentales. Pero los ciudadanos y ciudadanas del siglo XXI no tienen que comprar una ciudad nueva a ninguna empresa privada (básicamente porque en estos momentos no hay dinero para hacerlo), tienen que construirla entre todos.”

 La otra alternativa, es el camino más complejo, pero, a mi entender, más necesario. Que nos obligará a recorrer los cimientos y las cloacas de nuestro sistema. Tal y como refería Sandro Pozzi en una reciente entrevista: “El gran problema es que las grandes compañías no innovan bien, porque no quieren ir contra sus propios productos.” Revisemos los preceptos del urbanismo del siglo XX. Para poder así redefinir las verdaderas necesidades de nuestras ciudades. O lo que, para mi es más importante: la cualificación de la ciudad. Ya que es aquí donde radica la verdadera esencia de la accesibilidad, y la perspectiva desde la que la tecnología puede poner a nuestro servicio sus mayores avances.

Porque solo si incorporamos el concepto accesibilidad al criterio superior de sostenibilidad, podremos naturalizar la respuesta que, hoy por hoy, está dando nuestro marco legal y económico a las barreras que la urbe presenta a un elevado porcentaje de su población:

Rompiendo la barrera entre ciudadano “normal” y ciudadano limitado

- Rompiendo la barrera entre ciudad existente y ciudad nueva: los equipamientos tecnológicos de los que precisa esta revolución no pueden quedar vinculados exclusivamente a las áreas de crecimiento, sino que deben ser leídos en una escala “global” de la ciudad.

Rompiendo la barrera existente entre edificación y urbanización: el acceso a la mayoría de elementos del hogar ya está disponible a través de dispositivos móviles: teléfonos, tablets, y más recientemente, relojes y tecnología “ponible”. ¿Cuándo ofertará la ciudad estos servicios para aquellos que más útil les resulta?

Déjenme poner para concluir esta exposición, algunos ejemplos. Un único ejemplo. Ejemplos en el que dejemos de leer la ciudad, y la ciudad comience a leernos a nosotros. A todos como colectivo, y a cada uno de nosotros como individuos. Déjenme soñar un segundo con un dispositivo tan expandido como mi teléfono móvil:

-        Capaz de adaptarse a mi perfil

-        capaz de comunicar a mi entorno mi perfil.

Un perfil introducido mediante un certificado digital, en el que la ciudad pueda leer mi dificultad para escuchar, y me avise con una vibración al acercarme a un semáforo en rojo o con un destello. O advierta al autobús que se acerca, de mi silla de ruedas como extensión de mi movilidad, y despliegue la rampa de acceso al estacionar en la parada desde la que le espero. De manera transparente para el resto de usuarios. Un dispositivo que lanza un mensaje en una zona de obras y me replica un mensaje de voz advirtiéndome de un cambio en el acerado habitual puesto que no puedo verlo con mis propios ojos…. ¿Depende este sueño de las posibilidades de la tecnología? Bien sabemos todos que no.

Materializar este sueño, naturalizar este posibilidad, depende de saber que los sistemas de cuantificación actual de la ciudad, basados en metros cuadrados, unidades de crecimiento de población y beneficios económicos deben girar hacia un sistema de cualificación tecnificada de los espacios ofrecidos (nuevos o existentes), respondiendo a los perfiles propios de todos nosotros, y desde una eficacia sostenible que no rentable de las inversiones que hagamos. Nos va todo en ello si queremos estar todos en esto. 

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