LA CONSTRUCCIÓN DE UN SUEÑO

En estos días, se está publicitando por toda Sevilla la campaña de apoyo al PGOU de esta ciudad, con el lema “la construcción de un sueño”. Vemos a gentes de la calle con bonitas frases y pulcros cascos sobre sus pulcras cabezas, y casi podría parecer que todos estamos poniendo de nuestra parte para conseguir la ciudad de ese sueño aludido.

Es agosto, y todos andamos un poco tocados por esta ola de calor y cansancio que supone el verdadero fin en términos laborales del año laboral. Y en uno de esos efectos secundarios que este exceso produce sobre cualquier humano, me pareción leer en la marquesina de turno la siguiente variación a la frasecita del Plan: “La consecuencia de un sueño”. No le di mucha importancia, tenía que hacer un quiebro y no llegaba al ambar en el semáforo siguiente pero, una vez descartado el acelerón de turno, me pude parar a pensar en esta jugada visual. En verdad, la ciudad en que vivimos no debería ser la que construimos para que parezca un sueño, sino, más bien, la consecuencia lógica del la ciudad que soñamos. Consecuencia en la medida que implica reflexión, decisión, y, sobre todo, distanciamiento respecto al término idílico que es “sueño”.

Ultimamente, todo el mundo nos pregunta a los arquitectos sobre el nuevo proyecto de La Encarnación. Sobre los “platillos volantes” que van a aterrizar en medio del casco histórico más grande de Europa (no sabemos por cuanto tiempo). Y es una difícil pregunta. Si fuera gallego, contestaría con otra a su vez, plagiada de un buen profesor:”No digo que no estemos generando monstruos en estos tiempos pero, si seguimos en esta línea proteccionista y replicante ¿qué va a dejar la arquitectura del siglo XX a nuestra ciudad?”

Pero no soy gallego y por lo tanto, no es válida la respuesta a base de cuestiones. Y creo que mi respuesta, bien puede apoyarse en el lapsus anteriormente descrito. Creo que la construcción del proyecto ganador es realmente estimulante. La construcción de un sueño, siempre lo es. Pero, el día que podamos pasear por sus enormes hongos de metal, siempre me abordará una duda: ¿Soñó su autor con esos tránsitos por La Encarnación y como consecuencia, generó estos artefactos, o, simplemente, un día, soñó y las autoridades públicas construyeron su sueño en el corazón de Sevilla?

Víctor Moreno Jiménez

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