LA FALSA INTUICIÓN

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Tras actualizar algún artículo perdido, casi sin darnos cuenta han terminado las clases. A partir de aqui, el trabajo quedará en vuestras manos hasta la entrega.

Ayer se hicieron muchas correcciones. Sobre trabajos ya presentados y en la propia clase. Y tras las reflexiones mostradas, me parecía oportuno volcarlas aqui. Para sintetizarlas.

Si un alumno me preguntara qué debe hacer de aqui a la entrega final, sólo se me ocurriría una respuesta: trabajar. La imagen distorsionada que tenemos de esta que está a punto de ser vuestra profesión, dista mucho de la realidad. Y observo en muchos casos esta deformación. La consecución de un proyecto maduro no es fruto de la intuición. No es fruto de una idea brillante, de una noche reveladora, de un impulso artístico obtenido en un momento puntual del proceso. Estoy muy satisfecho con la trayectoria de este tribunal porque la estructuración de nuestras aportaciones han incidido todas en esta línea: el proceso arquitectónico es fluido y no puntual. El análisis, la reflexión, la aportación del conocimiento adquirido, la ampliación de este en función de las necesidades concretas del proyecto… todo este cúmulo de factores sólo puede ponerse en sintonía desde una permanente actitud de trabajo, de reflexión, de visión global y de coherencia. Y todo el esfuerzo que se dedique a la búsqueda de la genialidad, será baldío. Y todo el acumulado en justificar la supuesta genialidad, más aún.

Somos diseñadores. Y constructores. Y humanistas. Y técnicos. Y soy consciente de la dificultad enorme que supone poner a trabajar todos estos vectores en la misma dirección y en sintonía. Nadie dijo que la Arquitectura fuese fácil. Por eso requiere una gran concentración personal. Porque, al igual que en el circo, es imprescindible mantener todos los platos girando para que la función llegue a buen puerto. No se puede imprimir velocidad de vértigo a una de las facetas olvidando las demás… porque se caerán (lo del trabajo de chinos será por el espectáculo de los platillos??)

No puedo dejar de recordar la novela “Cañas y Barro”. La escena en que las aparceros vuelcan una y mil veces sus capachos de tierra sobre el mar…es conmovedora. Sin ver el resultado de su esfuerzo. Sin desfallecer. Sin faltar ni una de las madrugadas a su lucha contra el mar. Todos aquellos que perdieron la fe en su esfuerzo, nunca lo vieron materializado.

Pero los perseverantes, tuvieron su mañana de gloria. Esa en la que, el último porte, les dejó pisar sobre su suelo ganado a la albufera. Y su éxito no residió en ninguno de los portes en concreto, sino en la suma de todos y cada uno de ellos. Cada silencioso, humilde y constante viaje.

No tengáis prisa en pisar vuestro propio suelo. Pero sobre todo: no dejéis de aportar esfuerzo a vuestra profesión ni uno solo de los días que restan para la entrega. Tal vez nadie más sepa que está ahí. No importa: está.

Suerte y trabajo.

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