LA INVERSIÓN NECESARIA EN LA ARQUITECTURA

Todos los que estuvimos ayer en la manifestación de Madrid dejamos de estar en nuestros trabajos o con nuestra gente querida para invertir nuestro tiempo en aquello en lo que creemos. Cada uno con un grado de convicción diferente, con una seguridad diferente en el resultado de nuestro esfuerzo. Pero sabíamos que esta inversión era necesaria. A medida que esperábamos en el comienzo de la calle Alcalá, nuestras dudas iban disipándose al ver como compañeros y compañeras de distintas edades, circunstancias y lugares se iban sumando a la sombra buscada para la espera. Y cuanto menos capaz era esta de albergarnos, menos la necesitábamos. Porque a cada minuto teníamos más claro qué hacíamos alli. Porque a cada grado más de temperatura, más unidos nos ibamos sintiendo. Estaba previsto que nuestra manifestación discurriera por por el acerado, a la sombra del Banco de España, del propio Ministerio de Educación, curiosas metáforas edificatorias de los intereses que buscan nuestra devaluación. Pero no fue así.

Nuestra inversión necesitaba luz. Y con una unidad que aún me emociona, la buscamos. Salimos de los cauces que otros nos habían marcado para situarnos bajo el luminoso sol en todo el ancho de la avenida. Sin miedo, sin fractura, sin más seguridad que la que nos da la razón que defendemos. Nuestros decanos saltaron la cadena. Nuestros estudiantes saltaron la cadena. Nuestros profesionales saltaron la cadena. Todos transgredimos este desfiladero por el que quieren llevar a nuestra profesión para mostrar a toda la sociedad la fuerza de nuestra unidad.

Y entonces se produjo la verdadera inversión. Porque ya no había mayores ni pequeños, arquitectos del Norte o del Sur. No existía diferencia entre liberales o académicos. Entre compañeros dedicados al sector privado o al público. Sobre el asfalto sentimos un único espíritu de orgullo por una profesión que nos llena y nos ennoblece. Y contra la cual harán falta más que unos cuantos decretos o traiciones para poder destruirla.

Ayer se invirtió mucho en la manifestación. Se invirtieron muchos recursos, mucha creatividad, muchas horas de trabajo y generosa dedicación. Todos invertimos una ilusión inmensa en creer que era posible. Pero sobre todo, ayer se invirtió un prejucio que nunca deberá volver a existir sobre los Arquitectos. Ayer dejamos de ser corpúsculos independientes fácilmente manipulables desde la individualidad, para generar un sentimiento de unidad y fortaleza entre nosotros mismos. Ayer creímos en la Arquitectura como profesión, en los Arquitectos como colectivo, y en la necesidad de nuestra existencia para el crecimiento de esta sociedad. Y si alguien tiene que decidir cómo debemos ser, ese alguien, seremos sólo nosotros mismos.

No sé la repercusión que tendrá en el acontecer de los hechos la manifestación del 29 de mayo. Ni la que tendrá en todos aquellos que no pudieron o no quisieron asistir. Pero sí sé que todos los que estuvimos alli, absolutamente todos, volveremos el lunes a nuestro trabajo, estudio o estudios con la mirada más firme y digna. Para seguir mejorando este mundo con nuestros ojos de Arquitectos.

Y en septiembre, volveremos a Madrid, porque
la inversión, está hecha y bien hecha.

¡Gracias a todos compañeros!

Víctor Moreno
arquitecto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>