TOREO DE SALÓN

¡Qué fácil es ver los toros desde la barrera! Comprar la entrada, disfrutar del ambiente, prepararse para un magno espectáculo. Y así debe ser. Y no por no conocer el arte de la lidia se debe renunciar a exigir lo mejor de los matadores. Ellos, preparados desde el primer momento, así lo entenderán también. Por su público, y por si mismos. En cada faena, rezan porque los morlacos sean de casta, nobles, con fuerza, con recorrido. Miran al cielo y piden a su Dios para que la tarde sea pletórica. Por su público, y por si mismos. Un buen torero no sólo se debe al tendido. Se lo debe a él. Porque no entiende su pasión de otra forma.

Cuestión aparte son esos “compañeros” de fina estampa y vacía alma. Toreros de planta estilizada, cuidad imagen y sofisticados capotes. Maestros del reflejo. Toreros de salón. Las fotografías de sus ensayos enloquecen a sus seguidores, y más aún a sus seguidoras. “qué estampa, qué figura”. Ellos, conocedores de su magnetismo, atisban por el rabillo de sus rasgados ojos el entusiasmo de los profanos aficionados, y avivan su locura con una chicolina de puro arte…

Luego el destino será el que sea. Hay tardes de grana y oro en que todo es perfecto. El plantel inmejorable. La ganadería, superior. No sopla una brizna de aire y hasta la orquesta toca los pasodobles de forma sublime. No hay que llevar al toro, el toro, va. Y entra, y se acerca, y no toca. Y todo es perfecto. La gente eleva sus pañuelos al unísono y el presidente no es más que un reflejo del clamor popular: dos orejas, rabo y vuelta al ruedo. Qué estampa, qué figura.

¿Y cuando todo no es perfecto? ¿Qué pasa cuando la tarde no se plantea tan idílica? Ya en los corrales, los mansos muestran su lado menos fotogénico, y el viento en los tendidos vaticina una tarde de sufrimiento y no de gloria. Es en ese momento, justo antes del paseillo cuando esos toreros de salón, esos gavilanes de portada…se amilanan. Y renuncia no a su gloria..sino a su obligación. Las excusas serán miles, la realidad, tan solo una: falta de profesionalidad.

El verdadero maestro, saldrá. Asumiendo el riesgo. Asumiendo la responsabilidad. Asumiendo el fracaso. Ante su gente, y ante si mismo. Y el público estará dividido. Ya no será un clamor sino una trifulca entre los que se sientan decepcionados y los verdaderos conocedores del esfuerzo titánico del espada por sacar lo mejor de un toro que no es toro. Y el Presidente ya no podrá laurearse otorgando al pueblo lo que le pide, y tendrá que demostrar su temple y conocimiento como previamente hicieron los verdaderos trabajadores de la arena.

No todas las tardes son de gloria. Pero hay que torearlas todas. Porque el único que no puede ver los toros desde la barrera…es el torero. Y si sustituyen torero por arquitecto y toro por proyecto…ya saben de qué estoy hablando.

PD.- Frajana ha sido un toro manso. Y como profesionales hemos hecho todo lo posible por torearlo. Hemos llevado nuestra mejor cuadrilla, nuestro mejores capotes. Hemos sacado pases donde no los había, hemos toreado por derecho y al natural. Y hemos querido matar el toro con toda la dignidad que se merece la noble lidia. Pero cuando estaba centrado para el estoque, el ruido del público lo ha distraido. Si la ignorancia del Presidente lo ha devuelto a corrales por ocho años, no es culpa nuestra. Ya es suficiente con que renunciemos a gran parte de nuestros honorarios. Pero por favor, que no pretendan quitarnos nuestro honor esos toreros que tan sólo lo son de salón. Lástima no poder encerrarlos con Frajana en el albero.

Víctor Moreno
arquitecto

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